Theranos nació en 2003, cuando Elizabeth Holmes, una estudiante de Stanford de 19 años, empezó a desarrollar una idea que parecía capaz de transformar la medicina diagnóstica: realizar múltiples análisis clínicos usando apenas una gota de sangre.
La promesa atrajo a inversores, empresarios, exfuncionarios de alto nivel y grandes medios. Con acuerdos como el firmado con Walgreens y una valoración cercana a los USD 9.000 millones, Holmes fue presentada como una nueva Steve Jobs y convertida en símbolo del emprendimiento tecnológico.
Pero la realidad era muy distinta. El dispositivo Edison no podía realizar con fiabilidad la mayoría de las pruebas prometidas y muchas muestras se procesaban con máquinas comerciales de otros fabricantes. Dentro de la empresa, el secretismo, el control interno y la falta de cuestionamiento permitieron sostener una narrativa que se alejaba cada vez más de los hechos.
La investigación del periodista John Carreyrou en The Wall Street Journal inició el derrumbe. Llegaron inspecciones, demandas, rupturas comerciales y finalmente la disolución de Theranos en 2018. Elizabeth Holmes fue declarada culpable de fraude en 2022 y condenada a más de 11 años de prisión.