La historia de WeWork es uno de los casos más claros de cómo una buena idea puede quedar atrapada por una narrativa demasiado grande, un modelo financiero frágil y un liderazgo sin suficientes contrapesos.
Nacida en 2010 en SoHo, Nueva York, WeWork no vendía simplemente oficinas compartidas, sino pertenencia, comunidad y una nueva forma de entender el trabajo. Con Adam Neumann como figura central, la empresa consiguió atraer miles de millones de dólares, alcanzar una valoración de 47.000 millones de dólares y convertirse en símbolo de la supuesta disrupción del mercado inmobiliario.
Al intentar salir a la bolsa, salieron a la luz varios problemas, empezando por el comportamiento poco profesional de Adam Neumann como CEO.